Capitulo 4
La Iglesia Docente
CAPÍTULO 4
"Maestro, sabemos que lo que tú dices y enseñas es correcto, y que no buscas dar gusto a los hombres. Tú enseñas de veras el camino de Dios". Lucas 20:21
"Este Evangelio [había de ser] fuente de toda la verdad salvadora y de la ordenación de las costumbres. Lo cual fue realizado fielmente (...) por los Apóstoles, que en la predicación oral comunicaron con ejemplos e instituciones lo que habían recibido" (DV, 7).
Como ya hemos visto, nuestro Señor había dejado a la Iglesia el depósito de la fe. Su último mandato a los apóstoles fue enseñar todo lo que él les había enseñado. Contaba con ellos y sus sucesores para llevar su mensaje al mundo. Hoy esto se nos da a conocer por medio de la voz viviente de la Iglesia: el Papa, los obispos, los sacerdotes, e incluso los laicos. Cada una de estas personas nos comunica el mensaje de Cristo, especialmente los clérigos, quienes son, por su oficio, representantes de Jesucristo. La Iglesia basa sus enseñanzas en el depósito de la fe revelado a nosotros por Dios. Antes de mirar la fuente de estas enseñanzas debemos considerar primero lo que significa la revelación.
¿Qué es la revelación?
Revelación significa literalmente "quitar el velo" o descubrir. Fundamentalmente Dios es un misterio para nosotros. Por nuestra propia cuenta sólo podemos conocerlo limitadamente. Sin embargo, nos ha revelado algunos misterios sobre sí mismo para que lleguemos a conocerlo y amarlo. Nos ha ayudado a conocer quién es y sus expectativas para nosotros.
En otras palabras, la revelación es la comunicación de Dios a los humanos de las verdades sobre sí mismo que quiere que sepan, pero que nunca pueden descubrir por sí mismos. Estas verdades se conocen como las doctrinas o las enseñanzas de nuestra fe.
Dios no nos reveló estas verdades de una sola vez sino poco a poco a lo largo del tiempo.
proceso de la revelación pública empezó con Adán y Eva y terminó con la muerte del último apóstol, San Juan.
La primera fase de la revelación de Dios se puede hallar en el Antiguo Testamento. Puesto que tuvo lugar mucho antes del nacimiento de Cristo, la llamamos revelación "precristiana". Si miramos el Antiguo Testamento, podemos ver que Dios fue revelando cada vez más de sí mismo en el transcurso de los siglos.
Esta revelación se cumplió cuando Dios se mostró a los humanos al hacerse hombre y al vivir entre nosotros. Esta fase se llama la revelación "cristiana". Contiene las verdades reveladas por Jesucristo a sus apóstoles. Estas verdades incluyen los misterios más importantes de nuestra fe, entre los cuales se encuentran la Trinidad, la Encarnación y la Eucaristía.
La fuente de revelación
"Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones" (DV, 7). Este depósito sagrado de la Palabra de Dios ha sido confiado a la Iglesia.
Sólo hay un depósito sagrado de la Palabra de Dios del cual fluyen tanto la Sagrada Tradición como las Sagradas Escrituras, la Biblia. Es importante reconocer que la Tradición y las Escrituras están unidas íntimamente y se comunican la una con la otra. "Ya que la Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, y la Sagrada Tradición transmite íntegramente a los sucesores de los Apóstoles la palabra de Dios, a ellos confiada por Cristo Señor y por el Espíritu Santo" (DV, 9). Por medio de la Tradición, los libros de la Biblia se dan a conocer a la Iglesia, y las Escrituras son comprendidas e interpretadas a fondo.
Las Sagradas Escrituras, la Biblia, son la Palabra de Dios escrita. Consiste en una colección de libros compuestos durante varias épocas por hombres diferentes que escribieron bajo la inspiración divina. Como ya sabemos, la Biblia consta del Antiguo Testamento, que contiene la revelación precristiana, y el Nuevo Testamento, que contiene la revelación cristiana.
El Nuevo Testamento, sin embargo, no contiene todo lo que dijo e hizo Jesús. De hecho, no se comenzaron a escribir los varios libros del Nuevo Testamento sino hasta veinte o treinta años después de la muerte de Jesús. Los apóstoles empezaron a predicar el mensaje de Cristo primero, y luego algunas de las enseñanzas se pusieron por escrito. Las mismas Escrituras atestiguan el hecho de que los Evangelios no incluyen todas las palabras de Jesús. Al final de su Evangelio, San Juan afirma que "Jesús hizo muchas otras cosas; tantas que, si se escribieran una por una, creo que en todo el mundo no cabrían los libros que podrían escribirse" (Juan 21:25).
Lo que Jesús enseñó a sus apóstoles fue transmitido a los discípulos de ellos. Por ejemplo, San Policarpo de Esmirna, San Ignacio de Antioquía, y San Clemente de Roma vivieron a fines del siglo primero y principios del segundo. Puesto que fueron enseñados personalmente por los apóstoles, se conocen como los Padres apostólicos. Sus escritos contienen algunas de las enseñanzas de Jesús que no se encuentran explícitamente en el Nuevo Testamento.
A través de los siglos han surgido muchas interpretaciones variadas y contradictorias de la Biblia. ¿Quién tenía la autoridad de decidir cuál es la correcta? Es importante notar que la Iglesia —a la cual, como hemos visto, Cristo le otorgó la autoridad (Mateo 16:19) de resolver todas las disputas en la tierra— es la intérprete de las Sagradas Escrituras. Ella es la que custodia o resguarda las Escrituras y la Tradición, porque le fue prometida la dirección y guía del Espíritu de la Verdad.
El Concilio Vaticano II dice: "La Sagrada Tradición, pues, y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia" (DV, 10).
Los credos
Una expresión escrita importante de la Tradición se encuentra en los credos, o declaraciones de fe, de la Iglesia. Estos credos son declaraciones resumidas de las principales doctrinas que la Iglesia propone para ser creídas. El más antiguo de éstos se remonta a los comienzos de la Iglesia y se llama el Credo de los Apóstoles.
SERIES FE Y VIDA
El Credo Niceno fue formulado durante el Concilio de Nicea y aprobado en su forma final en el Concilio de Constantinopla en el siglo IV. Es una expansión y explicación del Credo de los Apóstoles. En éste, y de hecho, en las primeras épocas de la Iglesia, se usó un lenguaje sencillo para expresar las doctrinas fundamentales. A través de los años algunas cuestiones y dificultades surgieron acerca de muchas de estas doctrinas. Los credos posteriores, particularmente el de Nicea, fueron escritos para explicar más plenamente algunas de estas doctrinas.
Los concilios
Una segunda expresión escrita de la Tradición se encuentra en los documentos de los concilios ecuménicos de la Iglesia. Un concilio ecuménico es una reunión de obispos de todo el mundo para hablar de asuntos de inquietud para la Iglesia bajo la autoridad del Papa. Se llaman ecuménicos, que significa mundiales, porque en ellos participan todos los obispos. A través de los siglos los concilios han sido llamados para resolver las controversias sobre las doctrinas básicas de la fe. Han dado a la Iglesia la oportunidad de explicar más completa y precisamente ciertas creencias.
Las controversias más tempranas tuvieron que ver con la Trinidad y las naturalezas divina y humana de Cristo. El concilio de Nicea trató estas cuestiones. Cuando había una controversia era evidente que tenía que haber un árbitro para decidir cuál era la enseñanza verdadera. Los concilios más tardíos resolvieron cuestiones tan importantes como qué libros eran inspirados divinamente y por eso debían de ser incluidos en la Biblia, la naturaleza y el número de los sacramentos, y la naturaleza de la Iglesia. Las decisiones de estos concilios clarifican y definen la enseñanza de la Iglesia.
Los Padres y Doctores de la Iglesia
Los escritos de los Padres y Doctores de la Iglesia también son documentos de testigos de la fe católica. Los Padres de la Iglesia son santos escritores cristianos de los siglos tempranos de la Iglesia, reconocidos como testigos especiales de la fe. Entre los más conocidos se cuentan los
siguientes: San Atanasio, obispo del siglo IV que defendió la doctrina de que Cristo era Dios y hombre verdadero en contra la herejía arriana; San Agustín, un obispo de fines del siglo IV y principios del V, quien, convertido tras una vida de pecado, se hizo uno de los teólogos más grandes de la Iglesia; y San Jerónimo, un monje erudito contemporáneo de San Agustín, quien tradujo la Biblia al latín, la lengua común de la gente de aquella época.
Los Doctores de la Iglesia son teólogos santos de cualquier siglo cuyos escritos son notables porque guían a los fieles de todos los tiempos, y quienes han sido reconocidos oficialmente por el Papa. Uno de los más importantes de éstos es el gran dominico Santo Tomás de Aquino, quien vivió en Italia durante el siglo XIII. Tres mujeres se incluyen como Doctoras de la Iglesia: Santa Teresa de Ávila, Santa Catalina de Siena y Santa Teresita de Lisieux. Para ayudarte a comprender más sobre los Padres y los Doctores de la Iglesia, quizás desees escoger a uno de ellos de la lista en este capítulo y leer sobre su vida.
Los escritos y los decretos de cada Papa son otra expresión de las enseñanzas de Cristo. Algunas de éstas se conocen como las encíclicas, cartas enviadas por el Papa a los obispos y a los fieles, que expresan las enseñanzas de la Iglesia en cuestiones de la fe, de la moral, de la responsabilidad social, y de otros temas importantes.
A través de los siglos, los fieles han creído en un cuerpo coherente de verdad. Tanto los pensamientos y escritos de los santos, como las acciones y oraciones de los fieles, forman parte de este sentido de la verdad en los fieles, o sensus fidelium. Su testimonio no contradice las enseñanzas formales de la Iglesia.
La Iglesia nos enseña que "La totalidad de los fieles, que tienen la unción del Santo" (cf. 1 Jn 2:20, 27), no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe [*sensus fidei*] de todo el pueblo cuando 'desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos' presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres" (LG, 12).
El desarrollo de la doctrina
Nos queda por considerar un último punto sobre las enseñanzas de la Iglesia. Aunque el depósito de la fe se completó con la muerte del último apóstol, San Juan, nuestra comprensión del mismo se ha desarrollado a través de los últimos veinte siglos. A esto lo llamamos el desarrollo de la doctrina. Se trata del despliegue paulatino del significado de muchas cosas que Cristo nos reveló. Es el desarrollo de la doctrina lo que encontramos en los concilios de la Iglesia, en los escritos de los Padres y los Doctores, y en la experiencia práctica de la fe entre los fieles de la Iglesia. Ya que el Espíritu Santo, quien continúa guiando a la Iglesia, es el Espíritu de la Verdad, ningún desarrollo posterior puede estar jamás —ni ha estado jamás— en contradicción con ninguna doctrina previa. Un ejemplo para ilustrar este punto es la definición de la doctrina de la Inmaculada Concepción de nuestra Señora. Esta doctrina se insinúa en las Escrituras (*"¡Salve, llena de gracia!"*, Lucas 1:28), fue defendida por algunos Doctores de la Iglesia, y
formó parte del sensus fidelium por siglos. No fue declarada oficialmente, sin embargo, hasta 1854, por el Papa Pío IX. No era una nueva revelación, sino el desarrollo de una misma doctrina a través del tiempo. Algo que está implícito en una doctrina se vuelve explícito, o puede ser la consecuencia lógica de una doctrina.
En este capítulo hemos expuesto las fuentes de las enseñanzas de la Iglesia. En el próximo vamos a considerar su autoridad, primero, en lo referente a asuntos de la doctrina y las enseñanzas de la Iglesia y, segundo, con respecto a asuntos de la disciplina, el gobierno de la Iglesia.
Palabras para recordar:
revelación — Tradición
Sagrada Escritura — Padres Apostólicos
padres de la Iglesia — encíclicas
doctores de la Iglesia — sensum fidelium
desarrollo de la doctrina
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Que es la revelacion
La Fuente de Revelacion
Los credos
Los Concilios
Los Padres y Doctores de la Iglesia
El Desarollo de la Doctrina
Revelacion
Tradicion
Escrituras
Padres Apostolicos
Padres de la Iglesia
Doctores de la Iglesia
Enciclicas
Desarollo de la Doctrina
Sensus Fidelium
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